Osaka, Kioto y Nara
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Hace tiempo ya que hice este viaje, a principios del pasado mes de Diciembre. Tenía pendiente comentarlo y subir algunas fotos. Ahora, casi cuatro meses después, se me hace difícil hablar de este viaje. No porque no me gustara; no porque no lo recuerde; más bien por pereza.
Aún así, me gustaría contaros algunas cosas sobre el mismo.
Me quedó meridianamente claro por qué Japón es la segunda potencia mundial. Se trata de uno de los países que más me han gustado de Asia, sino el que más. Todo ordenadísimo, limpio, agradable, la gente paseando en bicicleta, todo funciona a la perfección, se come de maravilla… No conozco la sociedad japonesa, que dicen que es muy cerrada, jerárquica y demás. No he tenido una relación estrecha con ellos como la tuve con los coreanos, con lo que no podré valorar lo que influye dicha estructura de la sociedad en la calidad de vida en el país. Pero como turista, me atrevo a decir que Japón es uno de los mejores países para vivir (eso si, con dinero, porque es también uno de los países más caros del mundo).
Kioto y Nara son dos ciudades pequeñas (si las comparamos con Tokio y Osaka) en los alrededores de esta última. Dos ciudades con un pasado histórico importante. Ambas fueron capital del imperio nipón hasta su traslado a Tokio. Así pues, tienen gran cantidad de templos, palacios y pagodas perfectamente conservados y hubicados en un paraje (sobre todo Kioto) alucinante. Merece muchísimo la pena visitar ambas ciudades.
Osaka, aunque también con historia, es una ciudad mucho mas moderna y que ha crecido enormemente en comparación con Kioto y Nara. Se trata de la 2ª (o 3ª dependiendo a qué criterio nos atengamos) ciudad más importante de Japón, tras Tokio. Como ésta, tiene un aire cosmopolita que la hace muy atractiva. Y al estar a menos de una hora de Kioto y Nara, la convierten en la opción ideal para hospedarse.
Allí probé yo el mejor sushi que he comido nunca. Tiene mucha vida nocturna y muchísimas tiendas de todo tipo. De las más caras a las más estrafalarias.
Bueno, sinceramente creo que este artículo me ha quedado más bien soso. Pero hoy no doy más de mi. Al menos espero que disfrutéis de las fotos.
Aviso: Si encontráis muchas fotos de trenes, se debe a una afición mía.
¡Hasta pronto Seúl!
Llega el momento de dejar Seúl. Después de 15 meses y muchas experiencias vividas en Asia, vuelvo a España.
Una sensación mezcla de tristeza, pena, alegría, ilusión y esperanza me embarga. Es un sentimiento que se repite, que me es familiar, muy similar al que ya sentí cuando dejé París hace unos años.
Dejas una ciudad que te ha acogido durante más de un año, a la que te has adaptado y en la que te has hecho un hueco. Hay una parte de ti que ha crecido, ha cambiado y ha evolucionado con esta ciudad. Tienes tus rutinas adaptadas al ritmo de esta ciudad y, de un día para otro, cambias completamente de hábitat. Todos los cambios trastocan, pero este es más profundo. Cambio de país, de ciudad, de casa y de trabajo.
También los cambios generan ilusión. La ilusión de algo nuevo que empieza y que siempre esperas que sea bueno. Esta ilusión y esta esperanza que conllevan los cambios son el contrapunto a la tristeza y al vacío que te dejan. Gracias a este equilibrio estos cambios son factibles, necesarios y, en gran medida, positivos.
Pero lo que más duro se hace es dejar a las personas que te han acompañado durante tu estancia. Una ciudad la hacen las personas que están a tu alrededor. Esas personas con las que has convivido diariamente, has viajado, has reido, has llorado, has bailado, has discutido y te han apoyado. Lo que más te impulsa a no querer marcharte son ellas, no dejarlas y permitir que todo siga igual. Pero en este caso, al igual que cuando dejé París, sé que quedarse no solucionaría nada. La mayor parte de mi círculo más cercano también se va (algunos ya se fueron y otros lo harán dentro de poco), y aunque yo me quedase, la ciudad ya no sería nunca la misma. Evidentemente seguiremos en contacto, y a algunos los veré incluso con frecuencia. Pero nunca será lo mismo. No se si mejor o peor, simplemente diferente; este año ha sido genial y da pena decirle adiós.
Todos vosotros me habéis hecho la vida más fácil en Seúl. Hemos compartido muchas cosas y, lo mas importante, me habéis hecho sentirme feliz. ¡Os echaré de menos!
¡Hasta pronto Seúl!
Pekín
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Finalmente Pekín. No podía irme de Asia sin visitar la capital de China. Tantas cosas hay que visitar en esta ciudad que se hace impresdincible ir. Esta vez mi compañero de fatigas fue Jairo.
Nuestro plan inicial era pasar 3 o 4 días en Pekín y luego coger un tren hasta Xián para ver los famosos guerreros de terracota, haciendo una parada antes para ver otra ciudad. En total hubieran sido 3 días o 4 en Pekín y otros 3 en Xián, contando el viaje de ida y vuelta en tren-cama. Como comprar un billete de tren en China desde fuera de China es casi misión imposible, y los compañeros de Pekín no tuvieron tiempo para hacerlo, fuimos el primer día directos a la estación central de ferrocarril para comprar los pasajes. Nada mas llegar nos encontramos con la siguiente imagen:
Evidentemente entendimos que no iba a haber billetes. Aún así preguntamos. Fuimos a la taquilla especial que hay para extranjeros, que estaba llena de chinos como las demás, y nos confirmaron que no había billetes. Ni en asiento duro, ni en asiento blando, ni en cama dura, ni en cama blanda (las 4 modalidades de billetes existentes).
Así pues nos dispusimos a pasar 8 días en Pekín. El primer destino fue, evidentemente, la Gran Muralla. Para esta visita se nos unió Pura, becaria informática de Manila, que estaba también de visita en Pekín. Se pueden realizar varios recorridos, unos más cortos (y más masificados) y otros más largos pero mas espectaculares y con menos gente. Nosotros hicimos este último. La muralla impresiona, y hacer 10km sobre ella cansa. Tardamos 4 horas, de las cuales las 2 primeras fueron un infierno, creía que tendría que darme la vuelta. Son todo escaleras para arriba y escaleras para abajo…rompe-piernas. Las dos últimas horas son mas relajadas y, la verdad, el paisaje es alucinante. Si te pones a pensar como construyeron la muralla te das cuenta que fue un aunténtico trabajo de chinos (chiste fácil, lo sé, pero efectivo).
Al finalizar el recorrido tienes la opción de bajar hasta el parking en tirolina…toda una experiencia.
Tras la muralla china siguieron otros monumentos y lugares igual de conocidos si cabe.
La Ciudad Prohibida: ¡Enorme! Una noche, paseando por los alrededores, llegamos a unas calles que rodean la Ciudad Prohibida y su foso…¡alucinante!
El Templo del Cielo: ¡Precioso!
El Palacio de Verano: ¡Espectacular! Y donde fundé la dinastía Acedo, y me vestí con mis ropajes de Emperador.
La Plaza de Tian’anmen: ¡Cuanta historia en esa plaza! Sólo pensar que en la misma avenida donde yo me encontraba fue donde se tomo la famosa foto de la fila de tanques frente a aquel hombre…se me herizaban los pelos.
La Estado Olímpico: No hace falta explicar por qué le llaman El Nido.
Además de visitar monumentos, lugares famosos y pasear, también tuvimos tiempo de salir de fiesta, y mucho. ![]()
La verdad es que como nos encontramos con que íbamos a estar 8 días en Pekín (y no 4 como habíamos planeado) nos lo tomamos con bastante calma. Así pues, salimos todas las noches y visitamos un monumento al día.
Hay que reconocer que la noche pekinesa no tiene nada que envidiar a la de cualquier país occidental. Bares, discotecas y gente cualquier día de la semana. Mención especial a las discotecas MIX y VIPS.
Una de esas noches fuimos a cenar a un restaurante japonés de Teppanyaki en el que, por 20 euros, tenías barra libre de bebida y de comida. Además de calidad; Ingredientes, de lo bueno lo mejor, que te cocinaban para ti sólo delante tuya en una plancha. Tras 3 horas comiendo ternera, gambas, cordero, más ternera, más cordero y más gambas, y todo regado con mucho sake, Jairo y yo salimos de allí dando abrazos al cocinero.
Por supuesto, no nos fuimos de Pekín sin comer (dos veces) el pato Pekín o pato laqueado. ¡Pero que bueno!
También compramos bastante en los archiconocidos mercados “fake”, dónde se puede encontrar todo tipo de productos falsos imitando a marcas famosas. Allí me compré, entre otras cosas, mis n-ésimas zapatillas Converse All Star.
Y finalmente, para terminar, una pregunta. ¿Qué creéis que son el siguiente grupo de jóvenes?¿Militares? ¿Policías? ¿Bomberos? A ver quién acierta sin mirar la respuesta que está debajo.
¡¡SON UNIVERSITARIOS!!
Hong Kong y Macao
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Ya ha pasado más de un mes de mi viaje a Hong Kong y Macao. La verdad es que voy con retraso en la publicación de artículos en mi blog. Hace ya tanto tiempo que no recuerdo mucho para contaros. Además, Hong Kong y Macao son mas para ver que para contar.
Fuimos a Hong Kong Alex, Pablo y yo con la idea de pasar un “fin de semana largo” (fin de semana + lunes). Lo que hicimos fue pasear por Hong Kong. Esta ciudad, antigua colonia británica, tiene uno de los skylines mas espectaculares del mundo, sobre todo de noche.
Además, está todo lleno de referencias a sus dos estrellas más conocidas: Bruce Lee y Jackie Chan. Es famosa la estatua en honor a Bruce Lee que existe en el Paseo de las Estrellas de Hong Kong.
Además, visitamos Macao, que viene a ser como Las Vegas de Asia, es decir, casinos horteras por todos lados. En realidad nosotros pasamos de visitar los casinos y nos dedicamos a pasear por la vieja Macao. Fue colonia portuguesa hasta hace bien poco (hasta el 20 de Diciembre de 1999 concretamente), y el centro de la ciudad y algunos de sus edificios recuerdan a Portugal. Es bastante curioso pasear por sus calles con todos los carteles en portugués sabiendo que estás en todo el centro del sureste asiático. Además nos zampamos un bacalhau dourado y unas croquetas de bacalao que tuvimos que echarnos luego una siesta en los sofás del Starbucks.
Por cierto, que echar la siesta en los sofás de las cafeterías fue una práctica a la que cogimos cariño y fue repetida varias veces a lo largo del viaje.
Camboya
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Tras estar en Hanoi y movernos a Ho Chi Minh, desde esta ciudad cogimos un vuelo que nos llevó a Siem Reap, en Camboya. Siem Reap no es más que una ciudad artificial que se ha contruido para alojar a los turistas que quieren visitar los templos de Angkor.
Angkor fue una antigua ciudad importante del imperio Jemer entre los siglos IX y XV de nuesta era. La UNESCO declaró a este complejo de templos patrimonio de la humanidad en 1992.
El área se compone de varios sitios arqueológicos de gran importancia, entre los que destacan Angkor Wat y Angkor Thom.
Es un lugar que impresiona. Espectacular.
También visitamos un poblado flotante que está apostado en las orillas de un rio. Allí me di cuenta que Camboya es el país mas pobre en el que nunca he estado. Daban ganas de adoptar a todos los niños que te vendían souvenirs.
Los templos de Angkor son uno de esos sitios que hay que visitar.
Vietnam: Ho Chi Minh City
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Aunque Hanoi es la capital de Vietnam, Ho Chi Minh City es la capital económica del país. Con un centro precioso de estilo francés (fue colonia francesa por bastante tiempo), con sus grandes hoteles, el ayuntamiento y la central de correos construida por el mismo Eiffel. Hasta tienen su pequeña Notre Dâme de Ho Chi Minh City.
Eso si, cuando sales del centro de la ciudad te vuelves a encontrar con el Vietnam caótico, abarrotado de motos, ruidoso y lleno de olores “extraños” (muchas veces desagradables).
Salvo el primer día que estuvimos paseando por el barrio chino y visitando varios templos, el resto de días en Ho Chi Minh (los últimos días de nuestro viaje) lo único que hicimos fue pasear, comprar y comer bien.
En el barrio chino te puedes encontrar cosas tan curiosas como el último grito en peluquerías, las peluquerías “outdoor”.
Además, allí en la antigua Saigón me encontré con mis compañeros de beca Pedro J. (P.J. para los amigos) y Carlos. Solo los vi por la noche, así que no tengo fotos del agradable encuentro porque no me llevé la cámara conmigo de fiesta. Casi mejor, la noche del Sábado fue grande, ¿no PJ?.
Por cierto, que el sábado si que estuve tiempo con PJ, pero la noche anterior, el viernes, que fue cuando lo vi por primera vez, estuve la mayor parte del tiempo con Carlos (gracias por acogerme) ya que PJ estaba poniendo todo su empeño en hablar con una chiquilla y mostrarle su famoso salto del potrillo.
A la vuelta para Seúl, en el avión de Ho Chi Minh a Hanoi, me robaron el móvil español (ya os pediré vuestros teléfonos como Edu Rejón hizo hace poco). Mi móvil español lo usaba normalmente de despertador cuando iba de viaje, ya que mi móvil coreano sólo funciona en Corea. Si lo sacas de Corea entra en resonancia y se pone todo a cero… no funciona ni el reloj. Así que, llevaba el móvil español en la mochila que facturé…y cuando me la devolvieron ya no estaba. Se que fue una ingenuidad y una estupided dejar el móvil en la mochila, pero los ladrones son ellos.
¡Me cago en todo lo que se menea!
Vietnam: Bahía de Halong
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En nuestro periplo por Vietnam, una de las excursiones que hicimos fue a la Bahía de Halong. La bahía de Halong (en vietnamita Vịnh Hạ Long) forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Destaca por la presencia de elementos cársticos e islas de varios tamaños y formas.
Según la leyenda local, hace mucho tiempo, cuando los vietnamitas luchaban contra los invasores chinos, los dioses enviaron una familia de dragones para ayudarles a defeder su tierra. Estos dragones escupían joyas y jade. Las joyas se convirtieron en las islas e islotes de la bahía, uniéndose para formar una gran muralla frente a los invasores. Tras proteger su tierra, se quedaron allí y formaron el país conocido como Vietnam.
Desde Hanoi son tres horas en autobús hasta llegar al puerto donde zarpa el barco. En un país normal sería una hora y media, pero como no se puede circular a mas de 60km/h porque sino atropeyas a 10 motoristas, 15 ciclistas y 20 transeuntes que cruzan la autovía sin mirar…pues se convierten en tres. Es una zona muy turística, así que está perfectamente organizado y hay muchos barcos a tu disposición. La verdad, yo me esperaba que iría en un barco con otros 200.000 guiris y sería un poco agobiante. Fue una grata sorpresa encontrarme en el barco con mi familia y un japonés que estaba allí un poco perdido. Un barco entero para 5 personas… casi había más tripulación que turistas en el barco. El japonés, en el trayecto de vuelta, se durmió en la cubierta y se puso del color de las gambas que nos habíamos zampado a la hora de comer. La marca que le dejó el reloj la llevará toda la vida.
Nos dieron de comer mientras navegábamos por la bahía y la llegada a la concentración de islotes impresiona. El paisaje es alucinante y no está tan masificado como las guías dicen. Estar allí en la cubierta del barco contemplando esa maravilla de la naturaleza merece la pena el viaje.
Tras un paseo entre los islotes en barco visitamos una cueva bastante bonita, aunque eso impresiona menos, ya que en españa tenemos alguna que otra. Para los mas “atrevidos” existe la posibilidad de hacer kayak por la bahía. Se lo recomiendo a cualquiera, además el agua es muy tranquila, sin apenas oleaje. Si navegar en barco entre medio de las formaciones rocosas, ir en kayak es aún mejor. Puedes acercarte a los islotes y pasar debajo de algunos túneles formados entre ellos. Y si tienes suerte, hasta puedes ver alún que otro mono.
Pero lo que mas impacta es la inmensidad del mar, potenciado por estar rodeado de esas enormes formaciones cársticas y, sobre todo, por el silencio absoluto que puedes llegar a experimentar.














































































